El blog de José María Mateu

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La dirección de empresas como una disciplina de diseño

mayo 8th, 2013 · No Comments · Estrategia, Futuro, Innovación, Talento

El rol principal del directivo podría ser el de encontrar soluciones a los problemas de la organización, y el de poner esas soluciones en marcha. La formación de los directivos se orienta en este sentido y su mandato al frente de la organización, o de alguna parte de la misma, se antoja todavía más rotundo: o forma usted parte de la solución o es parte del problema; sea usted eficaz (¡resuelva el problema!) y sea usted eficiente (¡hágalo ya!).

Esta orientación a la acción puede sin embargo tener sus contrapartidas. El directivo se comporta como un agente reactivo ante las realidades que se le presentan, en lugar de erigirse como un agente provocador del cambio, buscador de un futuro mejor.

La búsqueda meramente reactiva de soluciones podría por otra parte impedir el hallazgo de ‘mejores soluciones’, de caminos creadores de nuevas y más prometedoras realidades. Las ideas poderosas raramente son fruto de la casualidad (serendipia). Lo habitual es que el hallazgo de soluciones mejores provenga de una mayor dedicación y esfuerzo en su búsqueda.

Cuando una organización es capaz de activar una metodología dialéctica en busca de mejores soluciones, de poner en marcha una dinámica en la que confluyan todas las sensibilidades, experiencias y conocimientos atesorados por los distintos integrantes de la organización, emergen entonces procesos capaces de enriquecer de manera notable las soluciones, y en consecuencia, de aumentar las expectativas de éxito de la organización. Emergen en esos momentos procesos como la conversación constructiva entre distintas disciplinas, como la socialización a lo largo de la organización del conocimiento tácito, como la comprensión de lógicas de nivel superior a aquel en que se originaron los problemas, o como el espíritu de descubrimiento que aviva emociones y moviliza energías poderosas.

Pero estos mecanismos enriquecedores no emergerán si se cierran de manera precipitada los procesos de decisión. En esencia se trata de redefinir la ‘ciencia de la dirección’ como una ‘ciencia de diseño’ (managing as designing), siguiendo los pasos de otras ciencias aplicadas como la arquitectura, la ingeniería o la medicina.

La dirección de empresas como ciencia de diseño aboga por un perfil de directivo distinto al que estamos formando en la actualidad. Requiere por ejemplo un directivo que conviva bien con los procesos abiertos. Las decisiones no son actos cerrados, sino procesos en curso. Las estrategias, por ejemplo,  no afloran como respuestas automáticas a una concatenación de factores, la mayoría de ellos externos, sino como emergente sistémico de la convergencia de talentos y sensibilidades internos a la organización y a primera vista divergentes.

Es claro que activar estos procesos no tendrá sentido a la hora de tomar decisiones menores, pero no hacerlo para las importantes o para las grandes disyuntivas que se presentan puede socavar la competitividad de la organización, sacarla a una vía muerta que no conduce al futuro.

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